Galápago europeo: un (casi) todoterreno
Especie autóctona de Portugal, el galápago europeo (Emys orbicularis) se desplaza entre el agua y las superficies terrestres. Se reconoce por sus tonos amarillos y, en invierno, opta por hibernar cuando las temperaturas son bajas.
Al ser una especie autóctona de Portugal, el Porto d’Abrigo puede recibir ejemplares para su rehabilitación y posterior devolución a la naturaleza.
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Aspecto y comportamiento
El nombre común de este galápago está relacionado con su aspecto: su caparazón es oscuro y está recorrido por suaves estrías amarillas. Su piel, igualmente oscura, también está salpicada de manchas amarillas. Por su parte, el nombre científico latino orbicularis hace referencia a sus ojos, relativamente prominentes con respecto al cráneo.
Las hembras son ligeramente más grandes y pesadas que los machos, aunque estos tienen el plastrón (parte ventral del caparazón) más cóncavo, lo que les proporciona mayor movilidad. En ambos sexos, las extremidades son robustas, con escamas, uñas largas y membranas interdigitales. Las patas delanteras tienen cinco dedos y las traseras solo cuatro.
Los galápagos europeos pueden hibernar cuando bajan las temperaturas, aunque pueden mantenerse activos durante todo el año en las regiones más cálidas.
En Portugal, suelen hibernar durante el periodo en el que las temperaturas son inferiores a 14 °C.
Hábitat y alimentación
Este reptil semiacuático vive en una gran diversidad de masas de agua naturales y artificiales, nadando en charcas, marismas, arroyos y lagunas, pero también recorre amplias zonas terrestres, desplazándose varios kilómetros alrededor de las masas de agua y «escalando» pequeñas rocas para calentarse al sol.
El medio acuático es el más utilizado — para alimentarse, desplazarse y reproducirse —, pero es en tierra donde estos galápagos buscan refugio y calor para regular su temperatura. También es en tierra firme donde las hembras depositan sus huevos.
Las hembras excavan un agujero alejado del agua, de unos 10 cm de anchura y profundidad, donde ponen sus pequeños huevos, que permanecen en incubación durante 80 a 100 días. Aunque las puestas pueden tener más de una decena de huevos, no todos eclosionan y las crías recién nacidas presentan una elevada tasa de mortalidad: se estima que solo 1 de cada 100 llega a la edad adulta. Esto, junto con la madurez sexual tardía de las hembras y sus bajas tasas de fecundidad, hace que la especie sea más vulnerable.
Para alimentarse, este galápago recurre principalmente a invertebrados acuáticos, aunque su dieta también puede incluir otros animales (anfibios, pequeños peces e insectos terrestres) e incluso vegetación.