Los zoológicos han dejado de ser meros guardianes de especies para convertirse en agentes activos en la transformación de los valores, actitudes y comportamientos humanos, asumiendo un papel decisivo en la construcción de una sociedad que valora y protege la naturaleza.
Lejos quedan los tiempos en que los zoológicos eran colecciones privadas de animales exóticos destinadas al entretenimiento de las élites. A lo largo del siglo XX, estas instituciones se transformaron progresivamente en centros dedicados a la conservación, invirtiendo en programas de reproducción de especies amenazadas, investigación científica y campañas de sensibilización. Esta evolución reflejó una creciente conciencia sobre la ética del bienestar y el papel que estas instituciones podían desempeñar en la protección de la biodiversidad. Sin embargo, dada la magnitud y la urgencia de los retos medioambientales contemporáneos, incluso este enfoque moderno puede ya no ser suficiente, lo que exige una nueva transformación en el propósito fundamental de los zoológicos.
La reciente declaración de posición de la UICN sobre el papel de los zoológicos en la conservación nos ofrece una visión transformadora de esta nueva realidad. En lugar de posicionar a estas instituciones como simples repositorios de especies amenazadas o centros de educación ambiental, el documento reconoce su potencial único como plataformas para un cambio de paradigma en este esfuerzo social conjunto.
Esta transformación se basa en una visión complementaria en la que los zoológicos son una de las muchas piezas del rompecabezas de la conservación global. Por un lado, se mantiene el compromiso tradicional con el bienestar animal, la investigación en biología de la conservación y la gestión de poblaciones ex situ, una dimensión centrada directamente en los animales y sus hábitats. Por otro lado, surge una segunda dimensión igualmente crítica: la transformación de los valores, actitudes y comportamientos de las sociedades humanas que, en última instancia, determinan de form e el futuro de la biodiversidad. Estas dos vertientes no son paralelas ni independientes, sino profundamente interdependientes y comunicativas.
Esta perspectiva integrada reconoce que el éxito de los programas de reintroducción, la eficacia de los corredores ecológicos o la supervivencia de las poblaciones silvestres dependen fundamentalmente de los cambios en las elecciones cotidianas de millones de personas, desde los patrones de consumo hasta el apoyo a las políticas medioambientales. Al mismo tiempo, el trabajo directo con animales y ecosistemas proporciona los conocimientos, las historias y la legitimidad necesarios para inspirar estas transformaciones sociales. Los zoológicos se encuentran hoy en una posición única para poner en práctica esta visión integrada, vinculando la ciencia de la conservación biológica con la ciencia del comportamiento humano en una estrategia coherente y que se refuerza mutuamente.
La transición de un modelo centrado en la sensibilización a otro centrado en el cambio de comportamiento representa claramente este cambio paradigmático. Tradicionalmente, los zoológicos han invertido importantes recursos en campañas de sensibilización, asumiendo que informar al público sobre las amenazas a la biodiversidad conduciría automáticamente a cambios de actitud y comportamiento. Sin embargo, décadas de investigación en psicología social demuestran que este modelo lineal —el conocimiento genera actitud, que a su vez genera comportamiento— no refleja lo que realmente ocurre en nuestras vidas. Las personas pueden conocer perfectamente los problemas medioambientales y, aun así, no cambiar sus comportamientos.
Aquí es donde reside la oportunidad transformadora para los zoológicos. Con millones de visitantes al año, estas instituciones tienen un acceso privilegiado a públicos diversos, creando contextos emocionalmente envolventes en los que se pueden cultivar valores medioambientales más sostenibles. La proximidad con los animales, la experiencia afectiva de la visita y el contexto social único de los zoológicos posicionan a estas instituciones como espacios privilegiados para promover una profunda reconexión con la naturaleza. Al facilitar experiencias significativas que desafían las normas sociales insostenibles y celebran los comportamientos proambientales, los zoológicos pueden actuar como catalizadores en la construcción de una sociedad que valora genuinamente la biodiversidad y actúa en su defensa.
Pero esta reorientación exige que los zoológicos desarrollen competencias en áreas hasta ahora periféricas a su misión tradicional. La psicología de la conservación, la economía conductual y el marketing social se convierten ahora en disciplinas centrales. Esta ampliación de competencias no supone una sustitución del conocimiento zoológico y biológico existente, sino más bien una evolución necesaria que reconoce que salvar especies también requiere transformar sociedades.
El propósito de los zoológicos ha cambiado porque la naturaleza del desafío ha cambiado. La cuestión ya no es solo salvar especies, sino t o transformar la relación de la humanidad con el mundo natural.
João Neves, PhD
Diretor de Ciencia y Conservación, Zoomarine Algarve